Acá empieza todo.
Esto no va de mí… va de vos.
Va de cada uno que lea esta historia mirando su propia imagen.
Quiero adelantarte algo:
esto que vas a leer no son palabras vacías.
Si llegó a vos en este momento, es por algo.
Y te hago una promesa:
quedate hasta el final, porque ahí voy a compartirte lo que a mí me ayudó.
A mí, una persona común y corriente…
que con el simple hecho de observar y creer que podía lograrlo, empezó a hacerlo realidad.
Pero antes necesito ponerte en contexto.
Porque si no te ves reflejada en alguna parte de esta historia… mi camino no va a poder sumarte al tuyo.
Volvamos al principio
Volvamos a nuestra infancia… cuando tan solo éramos niños.
Esta es la razón de la foto.
En ese momento éramos libertad, éramos paz, éramos pureza.
Pero a medida que fuimos creciendo, empezamos a llenarnos de complejos…
de miedos, de inseguridades…
y, sobre todo, empezamos a dudar.
A dudar de si éramos suficientes.
A dudar de si éramos capaces de ser todo lo que queríamos en la vida.
Y esas creencias nos llevaron a tomar decisiones que, en lugar de acercarnos a nuestra esencia, nos fueron alejando cada vez más.
Ahí es donde nada tenía sentido y donde el camino se ponía cada vez más difícil.
Entonces hicimos lo que pudimos:
no pensar.
Vivir en piloto automático.
Pero la vida… siempre muestra señales.
Como esta.
En frases, en podcasts, en fotos, en la vida de otros…
Y vuelve la pregunta:
¿por qué no estoy logrando eso que un día creí/sentí posible?
Y así… una y otra vez, en el mismo bucle, repitiendo lo mismo.
Frená un segundo
Pero hoy… quiero que frenes un segundo.
Porque seguro que también lograste cosas.
Más de las que te estás permitiendo ver.
Y es importante verlas, valorarlas (porque esas mismas cosas hoy te van a decir: “viste que sí podés”). Sigamos.
- Amor.
- Personas importantes en tu vida.
- Momentos que sí valieron la pena.
- Salud.
Esa salud que muchas veces damos por hecho…
pero que es la base de todo.
La que te permite moverte, disfrutar, estar, vivir.
En mi caso, conseguí algo enorme:
casarme con un hombre maravilloso, con el que acabamos de cumplir 13 años de casados…
tener dos hijos que son mi orgullo…
y una salud que, a mis 38 años, me permite correr, patinar, hacer deporte… y que mi cuerpo responda.
Y eso, para mí, ya es un éxito real.
Porque no fue casualidad.
Fue dejar de ignorar señales.
Fue volver a tomar el control y, sobre todo, tomar decisiones, porque siempre hay que decidir.
Y también aprendí algo importante:
lo que hoy tengo… también lo tengo que cuidar todos los días
(porque de nada sirve conseguir algo y no poder conservarlo).
Los “todavía”
Y aunque todavía hay una parte de mi vida que sigue en proceso…
una parte que no logré… todavía.
Y esa palabra —todavía— no es casual.
Porque no habla de falta… habla de tiempo.
De algo que ya está en camino.
Y aunque hoy no esté ahí, tengo algo clarísimo:
sé a dónde quiero llegar.
Sé que lo que sí ya tengo puede ayudarte a vos a poder lograrlo también, dejando para seguir trabajando los “todavía”.
En mi caso, lo que todavía no conseguí es mi independencia profesional, el famoso dinero.
Redefinir el dinero
Y si creciste en una familia como yo, donde el dinero escaseaba…
donde era motivo de discusión…
o donde escuchabas frases como:
“yo con esto me conformo”,
“no soy avaricioso”,
“el que tiene dinero algo malo habrá hecho”,
“los ricos son todos malos”…
que no te sorprenda que hoy te resulte difícil alcanzarlo.
Porque lo que creés… lo creás.
Y el cerebro, si interpreta que algo es malo, te lo saca… no te lo da.
Y más si lo creíste durante tanto tiempo… consciente o inconscientemente.
Por eso quiero redefinirte lo que hoy, para mí, es el dinero.
Porque hasta que no cambiemos el significado, podemos hacer que siga alejándose o, como en mi caso, acercándose. Ahí va:
El dinero, para mí, es libertad.
Libertad de decir:
“hoy salimos a comer porque necesitamos cambiar el aire”.
“este finde nos vamos de excursión para vivir algo distinto en familia”.
“vamos a hacernos un masaje, trabajamos mucho y también merecemos relajarnos”.
El dinero es opción.
Opción de elegir qué comer.
De llenar la heladera (o el frigo 😉) con alimentos que cuiden tu salud.
De anotarte en clases: boxeo, gimnasio, lo que te haga bien.
El dinero da oportunidades.
Las preguntas que me cambiaron
Y ahora sí… contándote un poquito de mí, volvamos a vos.
Te regalo las preguntas que me hicieron replantearme todo.
Las que me ayudaron a sí lograr lo que hoy tengo, aunque todavía no tenga todo.
Porque cuando empezás a hacerte las preguntas correctas, en el momento correcto…
no solo cambian tus decisiones…
ya no podés volver a ser la misma persona.
Porque no se puede ser indiferente a lo que ya se es consciente
(frase de mi querida tía Lili).
Pregunta 1
Esta es la pregunta número 1, la brújula, el norte:
porque si no sabemos qué queremos, a dónde queremos ir… ¿cómo hacemos para ir ahí?
¿En quién te querés convertir?
Sin límites. Sin juicios. Sin tener que pensar en el cómo, solo responder: ¿qué querés ser?
O una que va súper alineada con esta:
¿qué serías hoy si tuvieras dinero infinito? ¿Qué harías?
Pregunta 2
Esta es la segunda:
si ya sabés la primera, ¿cómo vivirías tus días siendo esa persona?
¿Cómo serían tus días? ¿Qué harías?
¿Cómo sería tu día ideal?
Y, en consecuencia… ¿tu vida?
Pregunta 3
La tercera:
tomá la respuesta de hoy y preguntate qué paso, aunque sea un 1%, te acercaría a ese día ideal.
Y, en consecuencia, te empezarías a convertir en esa persona que querés ser.
¿Qué tendrías que hacer hoy si ya vivieras esa vida que tanto deseás?
Empezá hoy
Después de contestarte esto, hacete una lista, pegala en la heladera y empezá a vivir así.
No subestimes al universo.
Cuando lo creés posible, el mundo te empieza a acercar a eso, porque empezaste a vivir esa vida hoy, cambiando un poquito cada día lo que hacías en automático por lo que realmente querés ser.
Y adiviná una cosa:
a medida que vayas acumulando más y más días en la vida que sí querés vivir…
¿qué te imaginás que puede pasar?
Exacto. La creás. Empezá.
Si llegaste hasta acá…
Si llegaste hasta acá… no es casualidad.
Algo en vos resonó.
Y yo estoy convencida de esto:
sí podés lograr esa vida que soñás.
Pero no dejando para mañana.
Porque el verdadero infierno en la tierra existe y es…
llegar al final de tu vida y darte cuenta de que podrías haber sido todo lo que querías, pero no lo hiciste.
O peor aún… que, aunque viste señales, las ignoraste.
Por miedo.
Por culpa.
Por no hacerte cargo.
No importa, ya no tenés tiempo.
Hay un libro que habla de esto y te lo recomiendo muchísimo:
Los 5 arrepentimientos de las personas antes de morir.
Te dejo el audiolibro gratuito anclado en mi Instagram, en una destacada que se llama “Recomiendo”.
Y si querés leer un resumen que hice yo para no escuchar 4 horas del libro, hacé clic en este enlace.
Hasta el próximo espejo.
Con amor y paz,
Maru 🤍



